martes, 23 de octubre de 2012

394. PUDO SER. PERO NO FUE.


Llevaba días sintiendo que esta vez sí era la buena.

Con anterioridad yo misma había querido engañarme diciendo que si tenía que ser, sería. Y si no, pues no sería.
Pero acabo de decirlo. Me estaba engañando.
Y lo hacía porque realmente no me preocupaba en conseguir el objetivo.
Y ya se sabe que si algo quieres, algo te cuesta.

Así que en Agosto me planté y dije ¡¡hasta aquí!!.

Lo hablé con Mario y le pareció bien.
Y eso que él era el primero en tener que poner toda la carne en el asador.
Aunque el trabajo duro fuera mío, eso también hay que decirlo.

Así que a mediados de Agosto me puse manos a la obra.
A final de mes yo ya sabía/creía/intuía que aquello iba a dar sus frutos.
Mario me llamaba exagerada. "¿Cómo puedes saberlo ya?".
- Llámalo sexto sentido, le decía yo.

Había pasado poco tiempo y Mario me persuadía de emocionarme en demasía.
Pero yo lo sabía. Lo notaba.
Así que a plena luz del día y con alevosía, una mañana de jueves (el 6 de Septiembre para ser más exactos), me encaminé a hacer varios asuntos. Entre ellos el que me venía rondando de mediados de Agosto.
Entré con mucha seguridad.
Casi como si no fuera para mí.
Como si estuviera haciendo un recado para una persona que no se atrevía a hacerlo.
Mis palabras comenzaron a salir de mi boca con tanta seguridad que hasta yo misma me sorprendí.
Pero cuando ni siquiera había acabado la frase, las fuerzas me flaquearon.
TAnto, que no pude acabar última sílaba de la última palabra de la última frase.
La dije, juro que dije la palabra entera. Pero se oyó sin la última sílaba porque sonó ahogada. Muda. La frase había nacido enérgica pero había ido muriéndose sílaba a sílaba.
- Buenos días, ¿me da un test de em...ba...ra...(zo)...?

Llevaba varias bolsas en la mano. Llegué al coche con todas, aunque la que más asía con fuerza era la del test. Las deposité todas junto al bolso en el asiento del copiloto. Me puse el cinturón, arranqué y me vine para casa.
¿Qué hacer?
¿Me lo hacía ya?.

La vez anterior, en Junio de 2009, me hice el test una tarde de domingo.
La hicimos juntos, Mario y yo.
Y yo ví primero el resultado. Y él me pidió que no le dijera nada hasta que se atreviera a mirarlo él.
Pusimos el test boca abajo y contamos los minutos necesarios para mirar el resultado.
Qué vuelco me dió el corazón cuando ví las dos rayitas.
Mario no podía adivinar mi cara de póker.
Así que le dió la vuelta.
Y emocionados nos tiramos boca arriba encima de nuestra cama cogidos de la mano y así nos quedamos unos minutos. En silencio. Sólo roto de vez en cuando con un "qué fuerte..." mientras seguíamos mirando al techo.

Habían pasado tres años de aquello y quería que esta ocasión fuera diferente.
Quería darle la sopresa si al final salían otras dos rayitas.
Por otro lado me daba pena que él se perdiera ese momento, pero me parecía un riesgo asumible si teníamos en cuenta lo emocionante que sería decírselo.

Así que me leí las instrucciones. Y aunque ponía que el test se podía realizar a cualquier hora del día, sí advertía que a primera hora de la mañana había más concentración de HCG (Gonadotropina coriónica humana, la hormona que se dispara en el embarazo).
Así que le hice un par de fotos al test (desde que tengo smartphone con una cámara de 3,5 píxeles lo inmortalizo TO DO), y guardé la caja en mi mesilla.

A la mañana siguiente viernes aproveché que Mario estaba de vacaciones y desayunaba tranquilo en la cocina antes de llevar a Emma a la guarde y me levanté rauda y veloz a hacerme el test.
Intenté tener precaución y no mojar nada del test excepto la puntita del reactivo.
Pero me fue casi imposible de los nervios.
"Esperar 5 minutos a ver el resultado, y no más de 10 minutos para evitar un falso positivo.".
Mientras depositaba el test encima del lavabo para terminar de asearme con libertad, aparecieron IPSO FACTAS las ¡¡¡DOS RAYITAS!!!

¡¡¡DIOOOOOOOOOOOOOOSSSSS ESTÁBAMOS EMBARAZADOS!!!
¡¡¡LO SABÍA!!!

Con el miedo en el cuerpo por si Mario volvía de inmediato, recogí todo y me acosté otra vez dejando escondido el resultado en mi mesilla.
¿Qué hacía? ¿Cómo se lo decía a Mario? ¿Se lo decía ya? ¿O me esperaba a preparar la sorpresa?

Era su último día de vacaciones y día 7 de Septiembre. A él le encanta el número 7. ¿POr qué no darle la noticia hoy?. Yo no puedo quedarme con esto dentro!! no con él!! necesito decírselo!! soy malísima para guardar este tipo de secretos!!! 

Así que me levanté. Me fuí a mi taller y cogí una cajita de cartón decorada. Cojí un tarjetón de La Guinda. Escribí por detrás "Hola, ¿qué tal? ¿Quedamos en 9 meses? TQ". Cojí el test con su enooooorme positivo y la tarjeta y la metí en la cajita.
La dejé encima de la mesa del recibidor de casa, con un post-it que decía "Un detallito para Mario" y me fui a la cama.

Cuando escuché que Mario y Emma estaban a punto de salir de casa, cogí el móvil con el fin de seguir inmortalizando momentos y me fuí corriendo al recibidor.
Al llegar me apoyé en la esquina. 
Mario miraba la caja y leía el post-it pegado en su tapa.
Emma estaba a su lado y Momo correteaba entre nuestras piernas con el rabo intranquilo oliendo a paseo.
Él no habló.
Agitó la caja y sonó dentro el test, pero claro, él no podía saber qué era.
¿Prentendía adivinarlo por el sonido?
De pronto se dispuso a abrir la caja y saqué el móvil.

Los 5 minutos siguientes fueron casi más emocionantes para mí que ver el positivo en el test media hora antes encerrada en mi cuarto de baño.

Mario estaba boquiabierto. Miraba el contenido de la caja sin poder articular palabra y con los ojos como platos.

Ahora que lo pienso debí grabarlo en vídeo. No sé porqué sólo pensé en las fotos. EStaría bien poder escuchar el tono calmado en el que dijo:
- ésto... ésto... ¿es el de Emma?. Dime, ¿es el de Emma?, ¿es verdad? ¿es...? ¿es el de Emma o no?. ¿Es verdad o es broma? ¿es una broma?

No paraba de decir éso y yo seguía callada. 
Le hice 3 fotos y no dejaba de sonreir mientras le oía decírmelo.
Emma cogió a su padre del brazo y tiró hacia abajo.
Quería ver qué era lo que papá veía en la cajita.
Papá se lo enseñó mientras me miraba todavía ojiplático y boquiabierto.
¿pero... pero... es? es de verdad? o es el de Emma? es.. nuevo???

NO, no es el de Emma, papi. El test de Emma tenía la capucha azul y ésta es rosa (cosa de la que seguro él ni se acuerda).
Éste es otro. Estoy embarazada. Esperamos un bebé.

Nos dimos un abrazo inmenso. No dejaba de tocarme la barriga. Emma se unió al abrazo mientras papá le decía que dentro de mamá iba a crecer un hermanito.
Ella no lo entiende todavía. Cuando vemos a mi cuñada que está a punto de parir y le decimos que el primo Enzo está dentro, Emma dice que ella tb tiene otro bebé dentro y saca su barriguica.
Y la verdad, vuelve a ser otra coincidencia. Cuando esta misma cuñada parió a mi sobrina, nosotros nos enteramos que estábamos embarazados de Emma. Y ahora que también está apunto de cumplir en su segundo embarazo, nosotros volvemos a estar esperando.
Así que los últimos primicos también se van a llevar 9 meses jejejejejejejejeeje

Ese mismo día al llevar a Emma a la guarde, Mario volvió a casa.
Yo quería hacerme una eco y ver que el saco estaba bien implantado y que no era un embarazo ectópico.
A parte de que aunque había dado resultado positivo en cuestión de décimas de segundo, yo creía haber mojado sin querer parte del palito del test.
Así que nos fuimos a una consulta privada con la ilusión de ver nuestro saquito y equivocados de pensar en oirle el latido.
Equivocados porque con Emma fue así la primera eco. Escuchamos su corazón galopar desbocado.
Pero claro, no contábamos con que esta vez, íbamos de 3 semanas o poco más y el latido se oye a partir de la 5ª semana.

Todo estaba bien. Saco vitelino en su sitio.
Cogí cita para la matrona y me dieron para finales de mes.

En primera instancia decidimos no decirle nada a la familia.
La cuñada de la que os hablé ha tenido 3 ó 4 abortos y por prudencia salvo el primer aborto, el resto nos ha comunicado su embarazo cuando ya estaba de 3 meses o más.
Pero Mario decía que le daba igual decir después que la cosa no había salido bien si es que tenía que pasar.

Como no pudimos oirle el latido en la consulta, estábamos un poco tristones. O yo estaba tristona. Porque a Mario estas cosas no se le notan.
Pueden haber sacos vitelinos sin embrión y ése fue mi miedo en los días posteriores.
Así que ya comenzábamos a sufrir.
Esperaremos a hacernos otra eco en unas semanas y pensaremos que si con el embarazo de Emma todo fue bien, mejor disfrutar lo que tenemos y si tiene que pasar algo (por favor, ojalá que no), pues que pase.





1 comentario:

  1. Me alegro de la felicidad que os trajo aunque fuera por pocos días, como me alegro yo aún (aunque también me ponga triste) de recordar mis dos angelitos al cielo lo felices que hicieron a nosotros y todos nuestros seres queridos...sólo por saber que existían, dentro de mí.

    Existió Elly. Ahora no, pero existió y os hizo felices. Muy felices.

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